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Sobrevivir antes que vivir: la deuda de América Latina con las personas trans

Pobreza, violencia, exclusión y sistemas de salud que aún discriminan siguen marcando la vida de miles de personas trans en la región. En AIDS 2026, líderes comunitarios lanzaron una advertencia: mientras estas realidades no cambien, poner fin al VIH seguirá siendo una promesa imposible.


By Liaam Winslet | Rio de Janeiro, Brazil | #AIDSSociety #AIDS2026


De derecha a izquierda: Marcela Romero (Argentina), Nicolai Wald (Panamá), Rashell Erazo (Ecuador) y Alexandra Rodríguez Durán (México), durante el panel sobre VIH, derechos humanos e incidencia trans en América Latina, realizado en el marco de AIDS 2026 en Río de Janeiro. Las y los panelistas coincidieron en que poner fin a la epidemia del VIH requiere enfrentar las desigualdades estructurales, fortalecer el liderazgo comunitario y garantizar que las personas trans participen en la toma de decisiones que afectan sus vidas.


Durante décadas, la respuesta mundial al VIH ha estado dominada por una pregunta:


¿Cómo detener el virus?


Sin embargo, en AIDS 2026, líderes trans de distintos países de América Latina plantearon una pregunta diferente y mucho más incómoda:


¿Cómo puede una persona cuidar su salud cuando antes debe luchar por sobrevivir?


La conversación cambió el foco del debate. El problema ya no se presentó únicamente como una epidemia causada por un virus, sino como el resultado de una cadena de desigualdades que comienza mucho antes del diagnóstico.


Porque para miles de personas trans en América Latina, el VIH no aparece aislado. Llega después del rechazo familiar, de la expulsión de la escuela, de la dificultad para conseguir empleo, de la violencia, de la pobreza y de sistemas que todavía les niegan el reconocimiento más básico: su identidad.


La exclusión también enferma


Las personas trans siguen siendo una de las poblaciones más vulnerables de la región, no únicamente por razones biológicas, sino porque viven expuestas a múltiples formas de exclusión.


Los panelistas describieron una realidad que se repite en numerosos países latinoamericanos: familias que expulsan a sus hijos e hijas trans de sus hogares, barreras para acceder al empleo formal, viviendas precarias, violencia policial y sistemas de protección social que continúan dejando fuera a quienes no cuentan con documentos acordes con su identidad de género.


Estas condiciones no solo aumentan el riesgo de adquirir VIH.


También hacen mucho más difícil permanecer en tratamiento, acceder a controles médicos y mantener una buena calidad de vida.


Cuando ir al médico también puede convertirse en un riesgo


Uno de los aspectos más preocupantes expuestos durante la sesión fue que muchas personas trans continúan enfrentando discriminación precisamente en los lugares donde deberían sentirse seguras.


Ser llamadas por un nombre que ya no les pertenece. Escuchar pronombres incorrectos. Tener que explicar una y otra vez quiénes son. Ver vulnerada su privacidad. O, simplemente, recibir una negativa de atención.


Estas experiencias provocan que muchas personas retrasen las pruebas de VIH, abandonen tratamientos o eviten regresar a los servicios de salud por miedo a sufrir nuevas humillaciones.


La consecuencia es evidente. La discriminación termina convirtiéndose en un problema de salud pública.


Los hombres trans siguen siendo invisibles


Uno de los llamados más importantes del panel fue reconocer una realidad poco discutida dentro de la respuesta regional al VIH.


Los hombres trans y las personas transmasculinas continúan siendo prácticamente invisibles para muchos sistemas de salud.


En varios países ni siquiera aparecen correctamente registrados en las estadísticas oficiales, lo que dificulta diseñar políticas públicas específicas, asignar recursos o comprender el verdadero impacto del VIH en esta población.


Desde Panamá se compartió una experiencia alentadora: el inicio de programas de pruebas dirigidas específicamente a hombres trans.


Sin embargo, quienes participaron reconocieron que estos esfuerzos todavía alcanzan a muy pocas personas frente a la magnitud de las necesidades existentes.


La invisibilidad también mata.


Porque aquello que no se mide rara vez recibe recursos.


Las organizaciones comunitarias están haciendo el trabajo que muchos Estados no han logrado hacer


Frente a un panorama marcado por la exclusión, las organizaciones lideradas por personas trans se han convertido en uno de los principales motores de la respuesta regional.


RedLACTrans fue presentada como un ejemplo de cómo las propias comunidades documentan la violencia, producen evidencia y transforman esas experiencias en propuestas concretas de política pública.


También se destacó el trabajo de Hombres Trans Panamá, organización que ha impulsado el reconocimiento legal, la atención integral, el acceso al empleo y la participación de hombres trans en espacios nacionales e internacionales de incidencia.


El mensaje fue claro.


Las personas trans no quieren ser únicamente consultadas.


Quieren participar en las decisiones que afectan directamente sus vidas.


La región enfrenta un nuevo desafío: el retroceso de derechos


Además de las barreras históricas, el panel alertó sobre un contexto político cada vez más complejo.


Representantes de distintos países señalaron el crecimiento de movimientos antiderechos y de gobiernos que buscan limitar avances relacionados con la identidad de género y los derechos de las personas TransGNB, (Mujeres Trans, Hombres Trans y Personas No-Binarias) LGBTQ+.


Muchas de las conquistas alcanzadas durante los últimos años siguen dependiendo de resoluciones administrativas y no de leyes sólidas, lo que las vuelve vulnerables a los cambios de gobierno.


El riesgo es evidente.


Cuando los derechos retroceden, también retrocede el acceso a la salud.


No basta con financiar programas. Hay que financiar liderazgo


Las organizaciones también cuestionaron la forma en que se distribuyen los recursos internacionales destinados a la respuesta al VIH.


Pidieron que las personas trans ocupen espacios de decisión dentro de los mecanismos nacionales y regionales encargados de definir prioridades y asignar financiamiento.

No se trata únicamente de recibir apoyo económico.


Se trata de reconocer que las comunidades poseen el conocimiento, la experiencia y la capacidad para liderar las soluciones.


El desafío ya no es encontrar respuestas


Después de escuchar las experiencias compartidas desde Ecuador, Panamá, México y otros países de la región, quedó claro que las respuestas existen.


  • Existen modelos comunitarios exitosos.

  • Existen estrategias de acompañamiento.

  • Existen clínicas inclusivas.

  • Existen organizaciones que llevan décadas construyendo confianza donde el Estado ha estado ausente.


Lo que sigue faltando es la decisión política de convertir esas experiencias en políticas públicas sostenidas.


La verdadera emergencia


El VIH continúa siendo un desafío urgente para América Latina.


Pero el mensaje que dejó AIDS 2026 fue aún más profundo.


La mayor amenaza para las personas trans no es únicamente un virus.


Es vivir en sociedades donde todavía deben luchar por ser reconocidas, acceder a un empleo, encontrar una vivienda, caminar sin miedo y recibir atención médica con dignidad.

Mientras esas condiciones no cambien, ningún avance científico será suficiente para poner fin a la epidemia.


Porque una sociedad que obliga a una persona a sobrevivir antes que vivir también termina poniendo en riesgo su salud.


Y esa es una responsabilidad que ya no puede recaer únicamente sobre las comunidades trans.


Es una responsabilidad de toda América Latina.

 
 
 

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